lunes, 26 de octubre de 2009
Que no quiera el otoño marchitarlas por mí.
He investigado los circulos concéntricos que se crean en el interior de los árboles y sí, es cierto... dicen la edad que dicen tener. He estado espiando lo que se dicen las hojas entre sí por las noches, cuando todo el mundo cree que su estancia en una habitación es mortal. Las he oido llorar, gritar, sangrar, sudar, incluso a alguna decidió que lo mejor era soltarse de la rama y tirarse al suelo, volverse marrón y que algún barrendero matutino la recogiera del arcen callejero. Las hormigas decidieron marcharse de aquel alcornoque. Las chicharras, preferían el calor de los olivos. Y parece que a los gorriones, nadie les ha dicho que se acerca el otoño
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